La arquitectura del templo
El mejor edificio contemporáneo de Igualada.
La iglesia parroquial de la Sagrada Familia de Igualada es el mejor edificio contemporáneo de la ciudad.
El proyecto lo realizó el equipo de arquitectos de Josep Maria Martorell, Oriol Bohigas y David Mackay, que dirigió las obras. Este equipo es el creador, a comienzos de los años sesenta del siglo pasado, de la llamada Escuela de Barcelona; su principal teórico es Oriol Bohigas, autor de diversas obras sobre arquitectura y urbanismo.
Las ideas básicas de la Escuela de Barcelona están expresadas en el edificio. Fue un movimiento fundamentalmente realista, que buscaba una visión crítica del ambiente sociopolítico y romper con los códigos del momento a partir de replanteamientos formales. Utilizan los materiales que tienen a su alcance —la uralita, el ladrillo visto o el hormigón— buscando una coherencia en el lenguaje arquitectónico: que las partes y el todo formen una unidad.
El conjunto está formado por dos edificios: la rectoría y el templo. Este se divide en cinco cuerpos: la nave principal, las dos capillas laterales, el altar del Santísimo y la sacristía, unidos por una torre que hace de campanario. Los edificios están rodeados por un gran ventanal en la parte superior y las paredes están acabadas en ladrillo visto. Las pocas columnas forman unidades de cuatro, con capiteles de hormigón. Es notable la estructura metálica que cubre la nave principal y permite su uso sin obstáculos visuales. Todos los edificios son de cuatro vertientes con uralita y están coronados por una claraboya.
La austeridad del edificio es máxima: los elementos retóricos son siempre consecuencia de un tratamiento distinto de los materiales, nunca innecesario, sin falsearlos con recubrimientos. De la rectoría destacan el entrante de la puerta principal y el balcón que da a la carretera de Manresa.
Hay que destacar la ausencia casi total de elementos decorativos, con excepción de tres tallas situadas en la pared del altar mayor, realizadas por el escultor Mainé. Las tres figuras representan a la Sagrada Familia en la gloria; están colocadas separadamente y son del mismo tamaño, con un acabado clásico y sobrio, en correspondencia con la idea arquitectónica.







